20161118

Aventuras de Rono vol. 3 [episodio 11]

11. RONO Y LOS ASALTANTES

A Rono se le ocurrió salir a dar un corto paseo después de cenar. Se encontraba en Egipto, de vacaciones, como se lo había prometido el Dr. Barbui. En El Cairo se cena más bien temprano, asíque Rono y el perro abandonaron el pequeño restaurante a eso de las 6:51 pm. Habían compartido una suculenta picada que incluía mariscos de mar, bolas de fuego, háceres de rarará, un pequeño animal de carne muy sabrosa, hojas de álamo, gusanos de lana, y variados bocadillos de peces del Nilo.
Ahora bien, Rono caminaba lento y se frotaba el estómago. Pero no por buena digestión, sino más bien porque notaba que algo le había caído un tanto raro.

- Fueruon luos mejilluones -le dijo el perro, que iba junto a Rono calle abajo, rumbo al hotel.
- Callátelajeta, laputaqueteparió.

Al doblar por una antiquísima callejuela, notaron que a mitad de cuadra se encontraban unas personas que reían y cantaban y hacían alboroto mientras caía la negra noche. Rono no le dio importancia alguna y siguió. Pero el perro, el perro advirtió algo. Peligro. Algo no estaba bien con aquellas personas. Cuando se encontraban a solo una docena de pasos, uno de ellos, un muchacho de tez morena con la camiseta de Morón se les acercó, cortándoles el paso de repente. Rono se quedó de una pieza, mirándolo. El perro encrispó los pelos del lomo y arqueó las orejas, mostrando los dientes de a poco, y le advirtió a Rono:

- Nuo hagas cuontactuo visual, pelotudo...

Rono le aplicó un ligero puntapié que el animal ignoró, acostumbrado hace años a esto.

- ¿Adónde van, loco? -preguntó el muchacho. Los demás permanecían detrás, bebiendo una pequeña botella de licor de tortuga.

- Habla en español -se sorprendió el perro.
- Vamos a nuestro hotel -dijo Rono tratando de ocultar su nerviosismo- que es acá nomás, acá cerca, ¿nos dejan pasar?

El muchacho y los demás estallaron en una carcajada burlona. Rono se fastidió. El perro fue a olfatear al resto, y se puso a tomar un poco de licor también.

- Dame la campera -dijo el muchacho.
- ¿Porqué? -preguntó Rono.
- ¡Dame la campera te digo, esto es un asalto!
- ¿Un asalto? ¿Me estás asaltando a mí, que no soy de acá, como vos, que sos de allá, de donde todos venimos? -cuestionó Rono, no muy seguro de sus palabras.
- Ok, no entendí eso. Dame la campera, puto...

El asaltante le arrebató la campera a Rono, que no puso ninguna resistencia, gracias a Dios, y luego se la puso, se la probó.

- No me entra -dijo.
- Es medium -aclaró el perro.
- Calláte -dijo Rono.
- Calláte vos -dijo el asaltante, y le pasó la campera a uno de sus compañeros.
El otro también se la probó.

- Me queda grande. No sé, las mangas son...
- Imbécil -intervino el tercero- dame eso para acá.
Este también se la probó. Se miró en una vidriera de aquella callejuela desértica. Dio media vuelta y se la quitó.

- Es muy ancha -dijo- Los hombros como que... viste... no sé...

El asaltante que aún estaba frente a Rono los miró con desaprobación. Luego los insultó enojado.

- ¿Qué más tenés? -preguntó a Rono, que a esa altura observaba todo como si fuese un personaje de La Naranja Mecánica.
- Miren, muchachos, estoy de vacaciones, no llevo dinero ni nada de mucho valor...
- El celular. ¿Tenés celular? dameló...
Rono le entregó un Motorola startac que conservaba desde el año 1999.
El asaltante observó el aparato.

- ¿Qué carajo es esto?
- Mi celular. Esa es la antenita ¿ves? Hacés así, click, y listo... tiene muy buena señal te digo...
El asaltante acercó su rostro al de Rono de forma lo más intimidante posible.
- ¿Te estás haciendo el vivo conmigo, eh?
- Noo, yo solo...
- ¿Te querés hacer el listo con nosotros, vago gringojuaputa?
- Nooo, escucháme, escucháme un poquito, asaltante... nosotros somos científicos, somos parte de un experimento muy muy extraño y secreto. ¿Sino cómo te explicás que mi perro hable, eh? -trató de calmar los ánimos Rono desviando el foco de atención

- ¡Viva la iva íooooooooo! -gritó uno de los otros. 

El que estaba con Rono se dio vuelta para ver qué pasaba.

- ¡Mirá! ¡Sacá este perro de acá! ¡¡¡Nos comió toda la ropa y las mochilas, hijo de puta!!!

El perro hizo una seña a Rono y los dos corrieron calle abajo mientras los pobres asaltantes se quejaban en medio de la confusión. Uno lanzó una botella.

- ¡Iiiiiaaaaaaaaaaaa, cabroneeeees!

El perro la atrapó con los dientes. La escupió, y luego levantó bien alto la pata izquierda para orinar. Apuntó hacia los muchachos y con chorro largo que los empapó enteros, se retiró. Rono se detuvo antes de llegar a la esquina y miró atrás. El perro venía trotando meneando la cola y traía el startac entre los dientes.

- Tuomá -le dijo a Rono luego de soltar el teléfono- te rescaté el celular...

 - ¡Viva la iva ío! - exclamó Rono mientras levantava el aparato del suelo- ¿Qué mierda significa eso, eh? 

Saltando y chocándose entre ellos, los matones se alejaron calle arriba. 

Rono, ya más calmado, contemplaba la luna, pensando cómo habrían hecho los antiguos egipcios para medir con tanta exactitud todas aquellas distancias extrañas.

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