20161118

Aventuras de Rono vol. 3 [episodio 11]

11. RONO Y LOS ASALTANTES

A Rono se le ocurrió salir a dar un corto paseo después de cenar. Se encontraba en Egipto, de vacaciones, como se lo había prometido el Dr. Barbui. En El Cairo se cena más bien temprano, asíque Rono y el perro abandonaron el pequeño restaurante a eso de las 6:51 pm. Habían compartido una suculenta picada que incluía mariscos de mar, bolas de fuego, háceres de rarará, un pequeño animal de carne muy sabrosa, hojas de álamo, gusanos de lana, y variados bocadillos de peces del Nilo.
Ahora bien, Rono caminaba lento y se frotaba el estómago. Pero no por buena digestión, sino más bien porque notaba que algo le había caído un tanto raro.

- Fueruon luos mejilluones -le dijo el perro, que iba junto a Rono calle abajo, rumbo al hotel.
- Callátelajeta, laputaqueteparió.

Al doblar por una antiquísima callejuela, notaron que a mitad de cuadra se encontraban unas personas que reían y cantaban y hacían alboroto mientras caía la negra noche. Rono no le dio importancia alguna y siguió. Pero el perro, el perro advirtió algo. Peligro. Algo no estaba bien con aquellas personas. Cuando se encontraban a solo una docena de pasos, uno de ellos, un muchacho de tez morena con la camiseta de Morón se les acercó, cortándoles el paso de repente. Rono se quedó de una pieza, mirándolo. El perro encrispó los pelos del lomo y arqueó las orejas, mostrando los dientes de a poco, y le advirtió a Rono:

- Nuo hagas cuontactuo visual, pelotudo...

Rono le aplicó un ligero puntapié que el animal ignoró, acostumbrado hace años a esto.

- ¿Adónde van, loco? -preguntó el muchacho. Los demás permanecían detrás, bebiendo una pequeña botella de licor de tortuga.

- Habla en español -se sorprendió el perro.
- Vamos a nuestro hotel -dijo Rono tratando de ocultar su nerviosismo- que es acá nomás, acá cerca, ¿nos dejan pasar?

El muchacho y los demás estallaron en una carcajada burlona. Rono se fastidió. El perro fue a olfatear al resto, y se puso a tomar un poco de licor también.

- Dame la campera -dijo el muchacho.
- ¿Porqué? -preguntó Rono.
- ¡Dame la campera te digo, esto es un asalto!
- ¿Un asalto? ¿Me estás asaltando a mí, que no soy de acá, como vos, que sos de allá, de donde todos venimos? -cuestionó Rono, no muy seguro de sus palabras.
- Ok, no entendí eso. Dame la campera, puto...

El asaltante le arrebató la campera a Rono, que no puso ninguna resistencia, gracias a Dios, y luego se la puso, se la probó.

- No me entra -dijo.
- Es medium -aclaró el perro.
- Calláte -dijo Rono.
- Calláte vos -dijo el asaltante, y le pasó la campera a uno de sus compañeros.
El otro también se la probó.

- Me queda grande. No sé, las mangas son...
- Imbécil -intervino el tercero- dame eso para acá.
Este también se la probó. Se miró en una vidriera de aquella callejuela desértica. Dio media vuelta y se la quitó.

- Es muy ancha -dijo- Los hombros como que... viste... no sé...

El asaltante que aún estaba frente a Rono los miró con desaprobación. Luego los insultó enojado.

- ¿Qué más tenés? -preguntó a Rono, que a esa altura observaba todo como si fuese un personaje de La Naranja Mecánica.
- Miren, muchachos, estoy de vacaciones, no llevo dinero ni nada de mucho valor...
- El celular. ¿Tenés celular? dameló...
Rono le entregó un Motorola startac que conservaba desde el año 1999.
El asaltante observó el aparato.

- ¿Qué carajo es esto?
- Mi celular. Esa es la antenita ¿ves? Hacés así, click, y listo... tiene muy buena señal te digo...
El asaltante acercó su rostro al de Rono de forma lo más intimidante posible.
- ¿Te estás haciendo el vivo conmigo, eh?
- Noo, yo solo...
- ¿Te querés hacer el listo con nosotros, vago gringojuaputa?
- Nooo, escucháme, escucháme un poquito, asaltante... nosotros somos científicos, somos parte de un experimento muy muy extraño y secreto. ¿Sino cómo te explicás que mi perro hable, eh? -trató de calmar los ánimos Rono desviando el foco de atención

- ¡Viva la iva íooooooooo! -gritó uno de los otros. 

El que estaba con Rono se dio vuelta para ver qué pasaba.

- ¡Mirá! ¡Sacá este perro de acá! ¡¡¡Nos comió toda la ropa y las mochilas, hijo de puta!!!

El perro hizo una seña a Rono y los dos corrieron calle abajo mientras los pobres asaltantes se quejaban en medio de la confusión. Uno lanzó una botella.

- ¡Iiiiiaaaaaaaaaaaa, cabroneeeees!

El perro la atrapó con los dientes. La escupió, y luego levantó bien alto la pata izquierda para orinar. Apuntó hacia los muchachos y con chorro largo que los empapó enteros, se retiró. Rono se detuvo antes de llegar a la esquina y miró atrás. El perro venía trotando meneando la cola y traía el startac entre los dientes.

- Tuomá -le dijo a Rono luego de soltar el teléfono- te rescaté el celular...

 - ¡Viva la iva ío! - exclamó Rono mientras levantava el aparato del suelo- ¿Qué mierda significa eso, eh? 

Saltando y chocándose entre ellos, los matones se alejaron calle arriba. 

Rono, ya más calmado, contemplaba la luna, pensando cómo habrían hecho los antiguos egipcios para medir con tanta exactitud todas aquellas distancias extrañas.

20161025

Aventuras de Rono vol. 3 [intermedio N°2]

RONO LIBRE

Los últimos días en la clínica no fueron fáciles para Rono. Lo sometieron a toda clase de exámenes. Incluido uno de próstata... Pero el más importante de todos, el mental, se llevó a cabo con extremada precaución para evaluar el estado de Rono. Se convocó a una especie de grupo de profesionales, psiquiatras de altísima reputación, traídos desde Viena.
Al fin y al cabo aparentemente le salió todo bien. Le dieron un diagnóstico reservado, en clave, y en un par de días se marchó a su casa.

Ahora bien, según las variadas especulaciones de los médicos, Rono no tenía un problema grave. Era más bien su naturaleza lo que lo llevaba a comportamientos a veces demasiado excéntricos para algunos. Simplemente, él no podía hacer nada al respecto, y eso motivaba a pensar que no estaba en completo dominio de sus facultades mentales.

Y recordemos que Rono había pasado por situaciones de estrés graves, viajes en el tiempo, lo secuestraron por error, se casó con la negrita, su perro lo volvía loco... en fin, no era fácil ser Rono y mantenerse bajo control con todo eso encima. A raíz de este breve análisis, el Dr. Barbui decidió otorgarle a su protegido algo que compensara sus disgustos en sus aventuras, algo que hiciera renovar a Rono, que lo reseteara... Si bien la clínica había sido una elección válida para tratar de establecer un poco de luz sobre la persona de Rono y los resultados de su comportamiento, no había sido determinante para saber qué clase de rumbo debía tomar. Barbui penso en mandarlo de vacaciones donde él quisiera, que eligiera un lugar y la compañía que deseara, ya fuera su esposa, su perro, un amigo, diez amigos, un cactus, un yo-yo, lo que él deseara.

Se comunicó al teléfono móvil de Rono para saber su ubicación. Sonó tres veces y atendió.

- Hola.
- Hola -saludó Barbui- ¿cómo anda, sí? Mire, mire, le tengo una sorpresa. A ver si adivina...
Rono pensó rápido. A los 17 minutos cortó el silencio.
- ¡Me gané el PRODE! -se agitó emocionado- ¡Dígame que me gané el PRODE! ¡Esa es la sorpresa! Por diooosss... cuánto he esperado este momento, no tener que pensar más en la guita, dedicarme a lo que me gusta, salir de compras, irme de viaje, tener una cabaña en el río...
- Pero qué dice -interrumpió Barbui- ningún PRODE, eso ya no existe, no se ha ganado nada. Además, usted viaja, vive, y hace lo que le gusta sin tener que usar dinero. ¿Cuándo ha manejado dinero, a ver? No sea ridículo.
- Bueno y cuál es la sorpresa entonces eh... no me venga con una de las suyas, doctor, por favor, que recién salgo de un loquero por su culpa...
- Quédese tranquilo. Esto le va a gustar.
- Voy a ir al programa de Susana Giménez, ¿eso es? Porque me gustaría ir...
- No, no es eso.
- ¡Ya sé, ya sé! Me van a dar el premio nobel de cetrería.
- Deje de decir estupideces, quiere -se impacientó Barbui- Ningún premio.
- Bueno y para qué me dice que adivine entonces, viejo...
- Le voy a dar unas vacaciones. Donde quiera, con quien quiera, el tiempo que sea. Haga lo que desee por un tiempo y después nos volveremos a encontrar para más detalles sobre su futuro, qué le parece.

Rono se quedó en silencio un par de minutos. Luego dijo:

- ¿Donde quiera y con quien quiera? ¿En serio me lo dice?
- En serio -le confirmó Barbui- Haga lo que le venga en gana, querido Rono. Eso sí, le advierto que va a quedar librado a su propia cuenta. Yo no estaré a su alcance mientras tanto. Asíque cuide bien lo que hace y todo eso, me comprende, sí...

Rono finalizó la conversación, pensando en algo que quisiera hacer, donde ir, con quien ir, etc. Se puso a buscar en internet, algo, no sé, un lugar, una película en el cine, una página sobre la fermentación del hasrani, fruta tropical del sudoeste de Asia que poseía grandes virtudes como laxante. Al rato se quedó dormido en el sillón. Despertó babeado y transpirado y sobresaltado. Había soñado que él y su perro estaban en Egipto, contemplando las maravillosas pirámides.

20161009

Aventuras de Rono vol. 3 [episodio 10-parte 2]


10. RONO EN LA CLINICA II

A Rono ya le empezaba a hacer efecto la medicación. Tomaba determinados medicamentos durante el día, le daban priorato de tefulmina, resina de ocre, surumina 24 miligramos, ateína, jarabe de guante... y menta cristal. Todas estas drogas eran para tratar de corregir el comportamiento errático de Rono. Pero tenían efectos secundarios que a él le pegaban siempre mal. Andaba por ahí imitando animales, cantaba en idiomas extranjeros, se le secaba la boca, tartamudeaba... En fin, parecía un hombre fuera de sus cabales, un idiota, un demente de a ratos por así decirlo. Pero como no era el único víctima de las pastillas en la clínica, se consolaba pensando que todo aquello iba a acabar cuando terminara su tratamiento. Un joven paciente neocelandés estaba aprendiendo a caminar por las paredes, para sorpresa de muchos, y una mujer que tenía ya cuatro hijos estaba desarrollando una inexplicable habilidad para concebir mediante palabra.



Así es que una tarde, mientras entonaba el himno de Alemania en portugués, notó un tumulto en el patio interno. Un interno había intentado escaparse trepando el viejo y grueso y alto portón, pero lo habían descubierto a tiempo las enfermeras de turno. Lo convencieron de que bajara del portón y viniera a tomar la leche, vamos que se enfría, dele, apúrese, baje ya de ahí... Rono quedó de una pieza ante el hecho. Los demás pacientes aplaudían y zapateaban...

Lo cierto es que la perspectiva de que alguien pudiese burlar la escasa seguridad que había en la clínica y lograr salir... eso estaría bueno, pensaba Rono.



Y ahí, ahí en ese momento decidió comenzar su plan para escaparse él mismo.



Lo primero que hizo fue tratar de conseguir algo para cavar un túnel desde su habitación hasta el gran portón de salida. Y ahí trepar como lo había hecho aquel interno.



Consiguió una herramienta al menos: un tenedor de plástico descartable. Pensó rápidamente cómo utilizarlo para empezar su túnel hasta el portón. A los 3 días se convenció de que era imposible. Tal vez un martillo neumático y una pala. Pero no, no, haría mucho ruido eso. Una cuchara, ahí está, una cuchara, como en las películas de los que se escapaban de cárceles. Sí, eso es. Consiguió una con el pretexto de que quería hacerles a los demás un truco mental y doblarla, pero al rato la estaba ocupando para comerse un flan... Su plan se desvanecía día a día cuando finalmente dio con la idea exacta. Le pediría al hombre que caminaba por las paredes que lo llevase hasta el techo, ahí abrir un agujero, trepar por él y luego saltar... hasta su habitación para cavar el túnel.


- ¡No laputamadre, lo del túnel no! -se enojó Rono consigo mismo.


Decidió esperar hasta el día domingo, en la hora de las visitas cuando todo el mundo estaba distraído, él se escabulliría hasta la enfermería, se pondría un guardapolvo, unos lentes falsos, dientes de drácula, y saldría al patio como si nada. Ya una vez en el patio con su disfraz vería cómo hacer para cavar el túnel debajo del portón...


- ¡Perolaputaquemeparió! ¡Ningún túnel, ningún túnel! -se fastidió.

Al poco rato de comenzado el horario de las visitas en el día domingo, Rono se puso en marcha para ejecutar su plan.

Una telaraña que había en el marco de la puerta de la enfermería anuló todas sus chances. Rono no les temía a las arañas. Eran las telas que éstas tejían tan ingeniosamente las que lo paralizaban por completo.

Buscó alguna otra forma de ingresar. Se tiró al piso cuerpo a tierra y empezó a deslizarse usando los codos hacia la entrada.

Un bicho bolita le hizo abandonar casi todas sus esperanzas.

- ¿Qué es lo que pretende hacer? -lo descubrió una enfermera- ¿adónde cree que va usted, mmm?
- Nada -dijo Rono- se me cayó un lente de contacto.

20161001

Aventuras de Rono vol.3 [episodio 10-parte 1]

10. RONO EN LA CLINICA I

Rono despertó de un profundo sueño. Sus párpados se abrían, pero los sentía demasiado pesados como si fueran caracoles. Rono intentó pestañear pero sus párpados seguían como pegados. Esto ya lo asustó, desde luego. Pero cuando finalmente pudo abrir sus ojos su miedo fue mayor. Primero, no sabía donde se encontraba, segundo, notó que estaba en una cama flotante de hilos de bambú. Y tercero, habían alrededor de media docena de personas vestidas con guardapolvos observándolo.
- ¿Quéputapasacá? -preguntó Rono incorporándose en la cama- ¿Y quiénes son ustedes? ¿Dóndemierdastoy?
Las personas en la habitación murmuraron algo entre ellas. Algo que Rono no pudo identificar. Tampoco pudo identificar si era de noche o de día. O qué significaba la palabra “únfusis”, la cual se le cruzó por la cabeza. En fin, y como de costumbre, Rono comenzó a sufrir pánico. Su sistema nervioso se encrispó como el lomo de la marmota húngara cuando presiente algún peligro en las selvas del Nafestá, Uruguay...
- Señor Rono -habló un hombre de los que estaban ahí-, soy el Licenciado Musseta, soy el dueño de ésta clínica y éstos son mis colaboradores: el Dr. Tolleto, médico psiquiatra. La licenciada Pauletti, psicóloga. El Dr. Mar...
- Pará pará pará un poco -interrumpió Rono- Pará un poco, viejo, ¿qué clínica...? No me digas que estoy en una clínica... ¿de qué es la clínica quiero saber eh? ¿qué me pasó qué me pasó...?
Musseta torció la boca en una mueca de impaciencia.
- Mire, está usted internado en una clínica psiquiátrica, Rono. Lo han traído porque sufrió un colapso nervioso.
- ¿En seriooo? Aylaputa, no, porqué, un colapso nervioso... Eso es... Es por haber estado comiendo demasiado picante, ya sabía yo...
- Tranquilícese. Acá nos vamos a ocupar muy bien de usted. Solo tendrá que quedarse un tiempo para que podamos evaluar se recuperación. Va a tener que tomar medicamentos.
- ¿Es un tumor? ¿Cáncer? ¿Géminis? ¿Es Lupus? ¡Es un tumor! -exclamó Rono exageradamente- ¡Yo sabía yo sabía! ¿Un colapso? ¿Qué mierda es eso? Me voy a morir, nocierto... ¿Dónde está Barbui? Quisiera hablar con él primero antes que na...
- El Dr. Barbui fue quien lo trajo, Rono -dijo la licenciada- Y lamento que lo hayamos tenido que sedar un poco pero... fue porque creíamos que podía ser peligroso... Nosotros...
- ¡Peligroso yo!
- Sí. Mire. Estuvo toda la conversación de ingreso jugando con un cubo mágico. Luego dijo varios insultos, y después arrojó el cubo por la ventana y rompió el faro delantero izquierdo de un auto estacionado. Luego pidió una botella de Jack Daniel's...
- Y hielo -recordó Rono.
- Bueno, acá no se puede beber alcohol ni nada, asíque vámos, levántese que ya es hora de tomar la mediatarde -dijo una de las enfermeras poniéndose rápidamente en movimiento. Rono la fulminó con la mirada... y luego se acordó y dijo algo:
- Osea queee... -pasó la vista por sus interlocutores- estoy en un loquero, a ver si lo entiendo bien... ¿Y todo porque tiré un cubo mágico? Fascinante...
- Comprendemos que fue debido a la frustración -aclaró Musseta- Y esto es una institución mental, no un loquero.
- ¡Qué frustración laputaquetereparió, si le faltaba un cubito de los verdes al cubo mágico de mierda ese! ¿qué querían que hiciera, eh?

Ahora bien, Rono tomaba la mediatarde en un gran salón comedor y miraba a su alrededor. Habían unas 15 personas por ahí. Rono se fastidió. “Me han internado en una clínica psiquiátrica por una equivocación. Lagranmilputa”, pensaba Rono.
En eso, se le acercó un hombre, ya mayor de edad, fumando cinco cigarrillos a la vez. Rono lo observó y luego bebió un largo sorbo de café descafeinado haciéndose el distraido.
- No se puede fumar acá -dijo el hombre.
Rono contempló un rato el interior de su taza de café. El hombre se alejó. Rono sintió una punzada de algo. Luego se levantó de la silla y se dirigió a la enfermería.
- Quiero hacer una llamada -pidió a una de las enfermeras.
- No se puede.
- ¿Porqué?
- Porque no. No insista.
- Quiero insistir...
- No se puede.
- ¿Y qué hago entonces dígame?
- No lo sé. Vaya al patio y vea donde está el grupo. Vaya, únase con el grupo...
- ¿Qué grupo? ¿Hay un grupo? ¿Van a tocar acá, en la clínica? ¿Quiénes son, qué grupo es? ¿Es de rock? No me diga que son los Rolling Stones...
- Ridículo -dijo la enfermera y siguió con lo suyo.
- Gordademierda -musitó Rono. Y se fue afuera.

Pero no eran ni los Rolling Stones ni ningún otro un grupo de música al que se refería la enfermera, sino más bien el grupo de gente que estaba internada en la clínica, los pacientes, los que formaban un grupo, cada uno con sus padecimientos. Rono se acercó a una mesa donde varios compartían mate. Se presentó amigable y despreocupado. Lo recibieron con saludos... y con pedidos. Inmediatamente le preguntaron si no tenía yerba, azúcar, cigarrillos, fuego, pulseras de lana, collares de caracoles, alcauciles y un termo con agua caliente... Rono contempló los rostros de aquellas personas, pudo casi visualizar sus problemas, problemas psiquiátricos, pudo sacar una copia mental de aquellos individuos y entenderlos, sintió mucha compasión, mucha emoción, mucha empatía, cariño... y sintió también como un pájaro carpintero le picoteaba los tobillos sin parar.
- ¡Aylaputamadre!
Los demás observaban. También en eso, una paloma del tamaño de un gato pequeño se les acercó, picoteando alimento inexistente en el suelo. Uno de los internos, Paolo, padecía una grave fobia a las aves silvestres, por lo que se levantó de la silla y comenzó a perseguir a la paloma moviendo los brazos y haciendo extraños ruidos.
- ¡Dejá de asustar pájaros, Raúl! -le gritó Gina, otra paciente de la clínica, que estaba por abuso del jabón en polvo. Simplemente nunca era suficiente para ella cuando lavaba la ropa. Y por eso utilizaba mucho jabón en polvo... En fin, Gina salió corriendo detrás del fóbico Paolo.
- ¡Raúl! -gritó nuevamente.
- Se llama Paolo -la corrigió Javier.
- Bueno, como se llame, que deje de asustar pájaros. Está todo el tiempo asustando pájaros. No hacen daño. Me tiene cansada, mirá...
De pronto, mientras se sacudía reiteradas veces la pierna para alejar al pájaro carpintero que insistía en picotearlo, Rono gritó:
- ¡Raúl Paolo, dejá de asustar la paloma pelotuda esa y vení a gritarle a éste hijodeputa que tengo en el pie porfavooor! Los pájaros que no te hacen nada... ya lo creo -se quejaba Rono.
Para nada sorprendidos ni inquietos, los demás tomaban mate.
- ¿A quién le toca? - preguntó Rono.
- A Florencia -dijo Florencia- Jijiji...
Paolo regresó y pidió un cigarrillo.
- Hay uno que tiene cinco... encendidos... se me acercó recién, pedíle a él -comentó Rono de paso mientras le pasaban un mate. Todo volvió a la normalidad por ese momento.
"Asíque si les decís algo... se comportan", pensó Rono.

- Ta frio, ta frío... -dijo.


Pasaron unos días, todos convivían en cierta armonía. Se habían creado uniones entre algunos. Otros preferían andar solos. La clínica no era un mal lugar para descansar después de un supuesto colapso nervioso, pensaba Rono. También se acordó del cubo mágico. La ira lo invadió, pero se contuvo. La frustración lo atacó, pero la ignoró... la vejiga se le aflojó, y se meó encima. Putamadre. Pero lo cierto es que estaba ya acostumbrándose a todo aquello. Había hablado con Barbui y estaba más tranquilo. Lo había visitado su amigo personal Chonle Rábbita, a quien conocía desde que eran bebés. Todo parecía estar bien y dentro de los indefinidos límites de la normalidad.

Hasta lo de la foto.

Sí. Lo de la foto marcó un antes y un después. Todos se vieron involuntariamente afectados por lo que pasó el día que tomaban una foto del grupo de pacientes frente a la gran chimenea que estaba en el centro del salón comedor.
Las enfermeras se peinaban, las mujeres se arreglaban... Todos saldrían en la foto, asíque los agruparon frente a la gran hoguera. Una hoguera de esas antiguas que contenía grandes y gruesos leños encendidos para apalear el duro frío de ese invierno.
Ahora bien. Hay que decir, hay que decir que Rono fue un protagonista inocente. Nunca tuvo la intención de hacer nada malo, pero, bueno... es Rono.

El fotógrafo se encontraba preparándose para tomar la foto y la caldera emitía mucho calor. Les pidió a todos que se ubicaran según su tamaño para que saliera todo el grupo mejor en la fotografía. Esa foto después sería colgada en la pared noroeste de la sala, donde se encontraban muchas otras de otros grupos. Había una en la que aparecía un caballo junto a los pacientes. Era una de esas viejas imágenes color magenta. Era una antiquísima casa estilo Farástula, de finales del siglo XVIII. Por eso las chimeneas eran de esas que poseen una especie de parrilla curvada hacia arriba para contener los leños, que eran traídos a mano desde la lejana Austria.
Ahora bien, Rono no lograba hacer pie. Él quería aparecer detrás de todos, pero su altura no le daba. Así como los habían ubicado, Rono tenía que ir en la fila del medio. Pero no quería estar al lado de Wendy, la anciana norteamericana que fastidiaba a todo el mundo con la única palabra en español que conocía: pizarrón. Asíque se le ocurrió una idea. Se pararía en la punta de la parrilla para sobresalir por sobre las cabezas que lo tapaban, y así salir bien en la foto. Y lo hizo.

Lo que sucedió a continuación fue una tragedia involuntaria con suerte.

Rono primero apoyó un pie en el canto de la parrilla para ver si no se quemaba mucho con los encendidos leños. Luego subió el otro pie y quedó parado sobre ella. La parrilla hizo palanca y se curvó, abalanzándose hacia afuera de la chimenea desparramando los grandes leños en llamas por el salón. Los que posaban no tenían la menor idea de lo que estaba sucediendo detrás de ellos y pronto comenzaron a toser y correr por todos lados para escapar del espeso humo blanco y gris, provocando una estampida psiquiátrica. No estaría de más decir que fue una locura todo en aquel momento.
Rono entró en pánico inmediatamente, y antes de que se dispersara el humo y la confusión, corrió hasta la cocina y simuló no estar enterado de nada. Estaba sentado en una silla con un vaso de agua caliente en sus manos.
Y cuando ya todos parecían saber lo que había ocurrido, Rono salió de la cocina fingiendo asombro y preocupación.
- ¿Pero quéputapasa eh? -dijo haciéndose el disimulado y el pelotudo.


20160708

Aventuras de Rono vol. 3 [episodio 9]

9. RONO EN MADRID

Rono se encontraba mirándose a sí mismo en un pequeño espejo en un pequeño baño en un inmenso avión. Se miraba y se tocaba la cara, pasaba los dedos por su larga barba y por su largo y lacio pelo negro aceite de motor. Pero dónde iba Rono en un avión. Hacia dónde se dirigía es un misterio.
No, mentira. Rono -junto al doctor Barbui y un colaborador muy excéntrico llamado Finstendensen- se dirigía vía aérea hacia Madrid, España.
Raro pero cierto.

- ¿Porqué vamos a España doctor. Yo nunca estuve ahí? -preguntó inofensivo Rono.
Barbui lo miró un momento y luego dijo:
- ¿Se ha puesto una peluca y una falsa barba. Sí. Porqué ha hecho eso. Sí...? -interrogó Barbui.
- Bueno... -comenzó Rono a poner los ojos en blanco- Si a uno no le dejan elegir su propio look, viste, no sé... andátealaputaqueteparió.
- No insulte, por favor. Trate de comportarse. Vamos a ver a una persona importante que lo quiere conocer porque ha ganado un premio -explicó el doctor, frotándose las sienes.
- ¿He ganado un premio? No me jodas ¡No te lo puedo creer! -se emocionó Rono llevándose la mano izquierda al corazón y poniendo cara de conejo herido- ¡he ganado un premio! ¡Al fin, tanto sacrificio y dolor!
- Cállese. Usted no ha ganado nada. Es la persona que vamos a ver. Se trata de un gran creativo y publicista argentino, de Mendoza, que desde hace años vive en Europa y ya ha sido premiado varias veces por sus trabajos. Además – continuó Barbui- es un tipo estupendo. Sí...
Rono quedó un tanto desalentado, pero a la vez aliviado. No hubiese sabido jamás qué hacer si recibía un premio por algo de lo que no tenía la mejor idea que hubiese ocurrido gracias a él.
- ¿Y quién es éste gran creativista, eh? ¿Quién es...? ¿Quién es éste gran... grande... creativador que ha ganado premios...? Eh? -preguntó Rono fingiendo interés pero no pudiendo ocultar del todo sus celos de que hubiera alguien más interesante que él mismo... y que encima de todo lo quería conocer.
- ¿Y porqué me quiere conocer, a ver? ¿Porqué me tengo que dejar premiar por un desconocido? ¿qué, ha creado una publicidad sobre mí acaso? -pensó desviando la mirada- Porque eso estaría bueno le digo... -fantas Rono ya, de tanto estar a mucha altura y de tanto aluminio que había ingerido con té de piedra de manzana.
Barbui desabrochó su cinturón de seguridad.
- Haga lo mismo. Hemos llegado.
- Que haga lo mismo. Mire, yo no sé nada de publicismo ni de creatitud, pero...
- Desabróchese el cinturón ¡Vamos! -se exasperó Barbui.

Bajaron del avión y notaron que la prensa estaba esperando a Rono en el aeropuerto. Rono se puso nervioso, no sabría qué decir, qué explicar, su estadía en Madrid, su casamiento fracasado, la localidad donde estaba su perro, porqué le faltaba un canino, en fin... se atemorizó de enfrentar a los periodistas.
La prensa ignoró a Rono, y esperaron que bajara del avión el cantante de Funkkilottagonna, la banda del momento en Madrid.
Rono frunció el ceño y siguió a Barbui y Finstendensen, que había dormido todo el viaje, murmurando cosas extrañas, hacia un coche color corona de pato, como se dice en España, en el cual se encontraba el asistente personal del publicista famoso.
- Doctor Barbui.-saludó Daniel
- Daniel, cómo estás -devolvió el saludo Barbui-. Bueno, éste es Finstendensen, mi colaborador galés, y éste es... bueno, querido Daniel, éste es Rono.
Daniel observó a Rono como un abuelo observa su nieto cuando empieza a caminar. Rono se puso algo tenso.
- ¿Daniel cuánto sos vos?
- ¿Perdón?
- ¿Vos sos el publicano? ¿Eh? ¿Porqué me querés conocer, eh, porque te dieron la medalla?
- El premio -interrumpió Barbui en un gesto de disculpa a favor de Rono.
- No. no. Ja ja ja -rió despreocupadamente Daniel- Yo soy el asistente persona del señor Chacho Pueb. Él es quien lo quiere conocer. Es para hacerle una entrevista personal porque le ha inspirado usted una gran idea al señor Pueb. Y no sabe lo meticuloso que se pone cuando esto pasa. Supo de usted por lo de Vietnam.
- ¿Vietnam? -se sorprendió Rono- Yo nunca estuve en Vietnam...
- Por eso -asintió Daniel-.Suban al coche por favor. Los llevaré a la agencia Del señor Chacho y luego iremos a almorzar a Londres.
- Ah, Londres -suspiró Rono.
- Métase en el auto por favor, sí, metalé -apuró Barbui.

El viaje hacia la agencia fue de unos quince minutos. Rono, Barbui y Finstendensen alucinaron con la ciudad. Sobre todo la parte más antigua. La arquitectura y los espacios.
- ¡Mire eso! -exclamó Rono de repente- ¡Un toro! Debe haber una corrida o algo...
Daniel rió. Barbui ignoró el comentario y Finstendensen peleaba con una mosca que se había metido al coche.
- No hay corridas de toros ahora acá -explicó Daniel, divertido- Y eso que usted vio era un caballo.
- Bueeeeno -se fastidió Rono- un cabaaaallo...
Finstendensen dijo de repente:
- ¡Ahí es!
- Exactamente -asintió Daniel- Ahí es la agencia del señor Pueb. Estacionaré y los llevaré al piso donde los esperan.
- Vale, tío -trató Rono de emular el acento español- Que nos tenemos que ir donde nos esperan, vale... ese hijoputa nos quiere entrevistar, tío, vale...
- Cállese -le pidio, serio ya, Barbui.

Entraron en un edificio remodelado y moderno. Subieron al ascensor y se detuvieron en el décimo cuarto piso. Bajaron y entraron a un pequeño salón de espera donde habían cómodos sillones y varias personas trabajando. Algunas sentadas frente a ordenadores de avanzada, otras simplemente en un escritorio con un teléfono celular en sus manos. Rono se desplomó en el primer sillón que vio.
- Ya vuelvo -dijo Daniel, y desapareció por una puerta de vidrio atomizado.

En eso entró un hombre joven, de aspecto normal, vestido informal y con una cuidada barba de tres o cuatro días. Se acercó a la máquina de café.
- Mirá este gil -comentó Rono- No sabe cómo sacar un café de la máquina.
El hombre aún miraba la máquina y toqueteaba botones, como si fuese la primera vez que se encontraba con una.
Rono habló fuerte, inclinando la cabeza hacia atrás y mirando el techo en un gesto deliberadamente sobrador.
- Tenés que meter una monedaaa, papá... -dijo Rono.
- Una ficha -corrigió Finstendensen- Hay que meter una ficha por la ranura.
- ¿Ah sí? ¿Qué te creés que es, una tragamonedas, que ésto es un casino encubierto para limpiar plata?
- Tragaperras -dijo Finstendensen.
- “Tragaperras” -le hizo burla Rono.
En ese momento una chica de no más de veinte años, muy atractiva y seductora, se acercó a la máquina. Apretó cierto botón y puso un vaso debajo del surtidor de café. El vaso comenzó lentamente a llenarse. El hombre agradeció a la chica y le preguntó su nombre.
- Julieta, señor.
- Ok, gracias Julieta.
Rono miraba a Julieta y le tiritaba el párpado izquierdo sin poder evitarlo.
El hombre se acercó a ellos y saludó.
- Buen día.
- Buen día, señor -respondieron al unísono Barbui y Finstendensen.
- Blueblíaaa -dijo Rono inexplicablemente.
El hombre les sonrió.
- Mi nombre es Horacio Pueb. Chacho me dicen, jeje.
Rono se quedó de una pieza.
- ¿Usted es Chacho? -preguntó Rono emocionado y levantándose del sillón extendiéndole la mano- ¿Chacho Pueb, que me quiere conocer porque gané un premio? y... mire, señor Pueb... yooo... yo amo, yo amo lo publicado. Y los que publican, uh, ni le cuento... todo eso de la... creativisión y esas cosas... big fan, big big fan... -balbuceó Rono, poniéndose a sí mismo en ridículo como de costumbre.
- Ja ja ja -rió Pueb- sabía que usted sería como lo imaginaba, Rono. Por favor -dijo a continuación-, doctor, todos, vengan a mi oficina. Tengo algo que mostrarles ante todo. Síganme, es por ahí.

Pueb se adelantó y saludó a cada uno de los empleados que vio con firme gesto, pero alentador ánimo.
Llegaron a una puerta.
- Pasen -dijo-.
Y pasaron.


La oficina del publicista era bastante amplia. A Chacho Pueb le gustaban los espacios, y tenía uno para cada cosa. Sillones colocados de tal manera que resultaban cómodos y relajantes en las reuniones de tormenta de ideas que realizaba a menudo con sus colaboradores más inventivos y abiertos a las múltiples posibilidades que existen para generar algo nuevo, fresco. Más a la izquierda habían plantas y una biblioteca. Una pantalla en barras color adornaba la atmósfera. Rono fingió ser creativo y espontáneo.

- Sabés quéeechachoo... -se inclinó sobre el curvado escritorio de Pueb-, sabés qué, yo le daría un toque máss... no sé, cómo explicarme...más, hum...artónica entendés...

- No -contestó Horacio mirando a Rono tratando de saber si lo estaba jodiendo o no.

- Bueno, por lo menos sacaría aquél cuadro.

- Eso es una ventana.

- Ah. Ok.

- Rono vamos al grano de porqué estás acá -Chacho le alcanzó un libro y Rono lo agarró al revés.- Quiero que firmemos un contrato. Derechos de autor y publicación entre vos y yo ¿Te puedo tutear?

- ¿Porqué me queres putear? ¿quémierdahiceahora, ah? -se atajó Rono.

El creativo soltó una carcajada.

- No, Rono, tranquilo. Tutear. Que nos tratemos de vos y no de usted.

- Después de usted -le dijo Rono.



Ahora bien, mientras Horacio Pueb y Rono se ponían de acuerdo, Barbui tomó el libro y leyó en la portada de color azul con letras blancas: “Las Aventuras de Rino”. Le gustó el título y le gustó el ligero cambio de nombre. Rino -pensó Barbui- sonaba mejor que Rono. Sonaba más como un sobrenombre. Como "Ringo".



El libro era una idea que se le había ocurrido un día a Chacho Pueb mientras leía en el diario que Rono, un habitante de Mendoza, Argentina, le decía a todo el mundo que había viajado en el tiempo entre otras cosas extrañas. Horacio contactó a Barbui y le propuso la idea de publicar un libro basado en esas cosas, que le habían estado ocurriendo a Rono a lo largo de su vida. Suponía no solo que tendría éxito, sino que tendría éxito solo en Italia, donde se encontraba la marca que financiaba el proyecto, y por lo cual la agencia, a traves de la publicidad, atraía como cliente.
No entendimos mucho esta parte pero... continuemos.



- Vamos a ir fifty-fifty -le explicó Pueb a Rono con la mayor naturalidad y empatía del mundo.

- ¿Porqué? -se calentó Rono- ¿Porqué tengo que aceptar menos de la mitad, ah?

Horacio sonrió.

- No, Rono, vos y yo vamos iguales ¿entendes? El libro está en italiano y ahí vamos a meter la marca como nuestro cliente.

- Eee... perquée...-dijo Rono, sin poder evitar que las palabras salieran de su boca antes de saber qué decía.

- Vamos, Rono. Animáte. Eso sí, vas a tener que ir a las ferias del libro y otros lugares para su presentación y hacer entrevistas y a firmar -le advirtió Pueb A Rono.

- ¿Qué firmar? No no no. Yo no firmo nada. No no no. Ya me engancharon una vez. Presté la firma, nunca me la devolvieron, me tuve que inventar otra...








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