20070119

Aventuras de Rono vol.2 [episodio 3]

3. RONO EN CANADÁ

Una tarde, Rono decidió dar un breve paseo por la granja.
Bueno, es que luego del largo viaje en barco que los trajo de Cuba, el perro y él se quedaron en Canadá, vendieron el barco, y compraron una granja en Québec.
Rono quería buscar a la negrita, su adorable esposa, para que pasara unos días con él en la granja de Canadá; utilizaba una notebook para establecer contacto con el doctor Barbui, la negrita, sus amigos personales, la caja de ahorro previsión y seguro, el consulado de Bélgica en Miami, andá a saber porqué, y otros contactos de menor importancia.
Pero el perro se comió la computadora una mañana, pensando que era una caja de chocolates canadienses, y la negrita nunca pudo ser avisada.
Así que, muy bien, Rono daba un paseo por su recién inaugurada granja.
― ¿Cómo le voy a poner de nombre a esto? ―se preguntó.― Voy a esperar que llegue la negrita para ver si a ella se le ocurre un nombre, no sé, "La granja de Rono en Canadá"... no me parece.
― Malísimuo ―dijo el perro detrás de él.
― Calláte laputaqueteparió, que te comiste la computadora mirá... ¡salí de acá!
― Puonele en la puerta un cartuel que diga: "Cuidado con el Perruo".
Rono levantó al animal de una patada, pero al perro no le dolió en lo más mínimo, y se limitó a brincar hacia atrás y sentarse al sol.
― "Cuidado con el perro". Tevoyadarmirá…
Rono miraba de reojo al choco mientras observaba una fila de arbustos que se encontraba en el lado oeste de la propiedad.
― Qué mierda es eso...
Decidió acercarse más, seguido de cerca por el perro que iba agazapado detrás de Rono como si fuera un felino, olfateando el terreno a su paso.
Rono llegó a unos cinco o seis metros de donde estaban los arbustos y se detuvo. Había algo extraño en esas plantas. No parecían corresponder a ninguna de las especies que se encontraban alrededor. Eran como palmeras de mediana estatura, pero de un color verde muy pálido, y con hojas mucho más gruesas y largas que las de una palmera común.
― Pero, qué mierda...
― Son palmueras.
― Calláte. No son palmeras. ―Rono se acercó más, despacio, levantando cuidadosamente los pies del suelo como para no hacer ruido. El perro hacía lo mismo. El silencio de la tarde canadiense les hacía parecer muy estúpidos si se los miraba de lejos. De repente uno de los arbustos se sacudió por sí mismo.
¡FFFFFFFFFF!
Rono se asustó y retrocedió inmediatamente.
― Aylaputa… ¡se movió solo, se movió solo!
― Hay alguo detrás ―dijo el perro.
― ¡Andá a ver! ―le gritó Rono desde el suelo, se había resbalado en sus propios pasos al asustarse― Laputamadreche, para qué sos un perro... ¡andá a ver qué mierda hay ahí!
El perro se acercó. Otra vez retomó su actitud felina, por supuesto fingida, teatral, aguzando los ojos y elevando las orejas hasta que no le daban más, sus patas traseras casi no tocaban el suelo, parecía estar muy concentrado en descubrir el misterio del arbusto.
Una mosca se le metió en la boca. El perro se detuvo y contrajo el estómago en un espasmo. Luego emitió una tos ronca y seca, hizo una arcada y se lamió la comisura del hocico. Tosió de nuevo, con otra arcada.
― ¡Dále laputamadre, qué te pasó ahora! ... ―gritó Rono.
Recuperado, el animal continuó el trayecto hasta el arbusto movedizo.
FFFFFFFF.
Se volvió a sacudir la planta.
El perro ni se inmutó, estaba demasiado concentrado en... la mosca, no salió con la tos, no salió, se la había tragado nomás.
Un chasquido detrás del arbusto.
Ya Rono estaba muy cagado, y pensó “Cómo no me traje el rifle laputaquemeparió”.
Rono había comprado un rifle en el pueblo, apenas llegados a Canadá. Pero en Québec existe una ley que prohíbe el uso de armas domésticas para fines rurales, por lo que Rono tuvo que verse obligado a preguntar “¿Qué?” Al final logró conseguir un permiso para cazar castores, que en Canadá son como los gorriones; algo inexplicable, realmente.
Bueno, el perro notó en seguida que el chasquido no provenía de la planta, sino de...
Una figura enorme se elevó frente a ellos. Los arbustos desaparecían en la tierra mientras lo que sea que se encontraba ahí se incorporaba e iba cobrando forma. Una luz blanca y misteriosa iluminaba la escena. Rono y el perro observaban perplejos y asustados. Era algo realmente aterrador... como un gigante que salía de la tierra. Y esa luz blanca, dios mío, esa luz...
Esa luz no era más que la luna brillando al caer la tarde, desde luego.
― Es un extraterrestre ―susurró Rono, angustiado, mirando hacia lo que sea que esto fuera― Es un extraterrestre laputamadre, justo acá tienen que venir... justo acá.
El perro también estaba bastante angustiado, pero pensaba diferente. "Si me tragué la mosca, tal vez me ponga huevos en la panza, y ahí sí, ahí sí que estoy en problemas". (En sus propios pensamientos, las palabras del perro se oían con claridad humana, al no pasar por el largo hocico y tener la dificultad de articularlas correctamente)
La enorme figura por fin reveló su tamaño verdadero. Y su forma. Los arbustos resultaron ser la cola ―o algo parecido― de un gran cuerpo constituido por dos pares de brazos, una cabeza cinco veces más grande que lo normal, y un par de piernas... o algo así.
Realmente no parecía algo de éste planeta. Su rostro ―o algo parecido― era chato y estaba cubierto por una masa abundante de pelos. Aparentemente, la criatura había estado de espaldas, agachada, y por eso se veían solamente los arbustos engañosos. El pelo era de la misma cosa que estaban hechos los arbustos que resultaron ser la cola, o el rabo, de la extraña criatura.
Se le abrió algo en el medio, en la panza - o algo así -, y un sonido grave y monoestéreo se oyó durante unos segundos. De ese orificio salió algo muy pequeño, tal vez un tweety, que miró a Rono y el perro muy intrigado.
Pronto Rono y el perro descubrieron que algo en común tenían con la extraña criatura, porque hablaba...
― Becho ―dijo estirando el pico hacia adelante.


Algunos días después, en conversaciones con el FBI, Rono fue consultado sobre sus supuestas vinculaciones con la mafia.
― No se nada de la magia.
― Mafia.
― Bueno, eso. Pensé que era con g.
El agente del FBI, conociendo ciertas características de Rono debido a su registro en expediente dentro del servicio secreto norteamericano, tomo una bocanada de aire.
― Mire, sabemos algunas cosas sobre usted. Y tenemos a su esposa en el PPT (Programa de Protección de Testigos)
― Perolaputa, ¿mi esposa?
― Sí.
― ¿Y qué hizo para que la pongan ahí? ―preguntó Rono mientras pelaba una naranja.
― Interceptamos su teléfono, le hicimos unas preguntas y respondió a todo según lo esperábamos. Por eso le estamos llamando, para que testifique en contra de El Padrino.
«El Padrino» No, no le sonaba a nada. Rono se quedó mudo. Y ahí se acordó de la característica principal de su esposa.
― ¡Nooo! Es un error, es un error ―dijo excitado―. Mi esposa no habla. Quiero decir, no lo hace bien. Sólo repite lo último que escucha.
― No me diga ―dijo el agente.
― Putamadre, ¡es verdad! Escúcheme, si usted le pregunta, por ejemplo, ¿Ha tomado usted un colectivo o ha tomado alcohol?", ella le contesta "alcohol" ¿me entiende? Imagínese si le dice "¿Su esposo Rono alguna vez asesinó?"
― Mmm...
― No, no me "mmm" a mí. Se lo digo en serio.
― Le llamaremos.
― No, ¿para qué? Déjenme en paz.
― Tenemos a su esposa acá.
― Bueno ―Rono escupió una semilla―, qué quiere que le diga. Ténganla ahí, adiós.

Click. Rono cortó la comunicación.

La reparación del tanque, el bicho del doctor, el doctor, el perro, y ahora lo del FBI y la mafia lo tenían algo nervioso.
Decidió relajarse, encendió el televisor. Estaban dando la nueva temporada de Los Soprano.
― T'madrrrre...
Fue cambiando de canal. En uno encontró mujeres que caminaban sobre una angosta tarima rodeada de cabezas estúpidamente alzadas hacia ellas. Modelos. Iba a cambiar justo cuando una de ellas apareció en la pantalla.
― Ay, Julietaaa… ―dijo en un suspiro patético.
Su teléfono móvil sonó. Se escuchó el ringtone con la melodía de "He-Man". Alguien lo había cambiado, él tenía otra, la de "Un poco loco" de Sergio Denis. LLamó al perro y le preguntó si había estado jugando con el aparato.
― ¿Porqué me cambiaste el ringtone, laputaqueteparió?
― Mue gusta el tigrue cuando se cuonvierte en Battle-Cat ―dijo el animal, y se metió debajo del futón.
Rono lo miró serio, amenazándolo con un puño en alto.
Atendió el teléfono.
― Sí ―dijo la voz del doctor del otro lado― Es el Tweety. Se escapó cuando me llevé al grandote. Fíjese si no está por algún lado ahí en la granja. Sí. Es muy importante.
Rono insultó en silencio.
― Bueno, está bien ―dijo Rono, y cortó.― El Tweety y laporongaqueloparió
Se preguntó cómo carajo haría para encontrar al bicho. No tenía discos de los Pet Shop Boys.
Se le ocurrió una idea. Fue hasta la puerta de la gran casa y la abrió. El cálido aire de la reciente primavera se filtró entre sus pocos cabellos.
― Tweety tweety tweety... ―dijo al aire.
Nada.
Se enfureció un poco. Repitió el intento un par de veces más, sin resultado.
Entonces se le ocurrió cantar una canción de los Pet Shop Boys, pero no se acordaba de ninguna. El perro se acercó a su lado, curioso, moviendo la cola alegre y despreocupado.
― ¿Sabés alguna canción de estos tipos vos?
― "Always on my Mind" ―contestó pronunciando perfecto inglés el choco.
― Esa es de Elvis.
― Puero la cantuaban elluos también.
― Putamadre, mirá eso...
Rono, con las manos en la cintura en la puerta de su casa y el perro al lado moviendo la cola con la lengua afuera, ofrecía un ridículo espectáculo visual para quien lo mirara desde cierta distancia. Había algo ahí en el césped del patio. Parecía una pelota de tenis. Y quien lo miraba desde cierta distancia era el Tweety, unos metros delante de ellos, escondido adentro de la pelota, que tenía un tajo pero no estaba dividida aún.
― Becho.
Rono y el perro no escucharon al Tweety.
― Tiene que estar en algún lado ―dijo Rono.― ¡TWEEETYYYYYY!
― ¡TWEETUY! ―ladró también el perro.
El can descubrió la pelota y se dirigió hacia ella. La observó un instante, torció la cabeza hacia un lado y luego, aburrido, la tomó con la boca y jugó con ella un poco. A continuación se la comió.
― ¡Dejá eso, lamadrequeteparió! ¡Qué te comiste, qué te comisteee!

«Mañana mismo nos vamos de acá», pensó Rono.

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